Son las relaciones en pareja que se caracterizan por estar viviéndose de alguna manera tóxica. Ambos integrantes de la pareja se encuentran agrediéndose, lastimándose o bien abandonando el vínculo con la pareja. Los dos integrantes de la pareja sufren, se experimenta pena y dolor con momentos poco alegres y satisfactorios, de manera que no hay una compensación en sus circunstancias, que les permitan experimentar algún grado de placer o alegría en la relación. No existe proyecto de vida en común compartido desde la voluntaria autonomía y el amor propio, sino desde la dependencia afectiva neurótica o desde la adicción incontrolada. Por eso, algunos autores analizan las relaciones de pareja tóxicas comparándolas con la adicción a las drogas.

Una de las condiciones para poder establecer si estamos en una relación tóxica, se refiere a la sensación de que es necesario desdibujarse como persona para que el otro esté contento y no provocar conflictos en la relación. Ceder a los deseos del otro todo el tiempo, con tal de no provocar problemas y en aras de la paz y la armonía del vínculo. Desdibujarse, quiere decir no contar. No contar, significa que tus intereses y necesidades no están siendo resueltas, por el contrario, cada momento necesitas emprender más acciones para no verte, para no brillar, para no ser vista o visto, y de esta manera creer, que todo irá bien.

Si tu sensación es que necesitas borrarte como persona, en tus opiniones, gustos, necesidades y expresión de sentimientos, entonces, seguramente te encuentras en una relación que mantiene altos niveles de toxicidad para ambos integrantes de la pareja. Una relación que se caracteriza por ser tóxica implica que uno o ambos miembros de la pareja pasan más tiempo experimentando sentimientos de malestar que de bienestar en sus interrelaciones y en las experiencias de su vida en pareja.

Son parejas que tienen una gran dificultad para negociar los conflictos, las causas pueden ser infinitas. La personalidad de uno o del otro, los hábitos, la fallas en la comunicación, las desilusiones de ambos frente al vínculo, los celos, la infidelidad, el abuso. El caso es que no pueden mediar y poner sobre la mesa los conflictos reales, ya que de ser así, causaría un gran dolor. Lo paradójico, es que, de todos modos, viven sus vidas con un gran dolor y sentimientos encontrados, entre tristeza, culpa y remordimientos.

La realidad es que no se puede sacar nada provechoso de estos amores, a veces mal comprendidos, si tu relación en pareja te mantiene más en la dependencia, tristeza, temor, sacrificio, seguramente no va a cambiar, hasta que emprendas acciones diferentes en tu manera de valorar tu propia estima. Si tu pareja no te permite ser como eres y necesitas renunciar a ti, sin ninguna contra prestación por su parte, seguramente estás muy, muy intoxicado/a en tu relación.

Más que estar en pareja nos sentimos desparejadas, desoladas y abandonadas y muy, muy, humilladas como personas. Conviene preguntarnos: ¿vale la pena continuar con un vínculo que acaba hasta con las ganas de vivir?

 

Hacia una relación tóxica y cómo evitarla

¿Pero qué es aquello que nos lleva a establecer vínculos en los que, lejos de alimentarme y enriquecerme como persona, me intoxican?

  • Baja autoestima y un pobre concepto de mí mismo o misma. Cuando ponemos todo nuestro valor en el amor, aprecio y atenciones de nuestra pareja, seguramente vamos a vivir una relación de estas condiciones. Así que aplica el esquema de los círculos concéntricos: primer círculo, en el centro, yo y mi amor propio. Segundo círculo, mi pareja y nuestro proyecto de vida en común. Tercer círculo, si ya los tengo, mis hijos y mi compromiso con su crianza. Cuarto círculo, mi familia de origen. Quinto círculo, mis amigos y sexto y último círculo, la sociedad en la que estoy inserto y la especie humana a la que pertenezco. Las prioridades de intereses van desde el centro a la periferia y cuando no es así, entramos en relaciones tóxicas.
  • Olvidarnos para siempre de nuestras fantasías de rescate. La persona que hemos elegido como pareja, va a cambiar, si lo desea, si quiere, y si está dispuesto o dispuesta a hacerlo. Yo no puedo hacer nada para que el otro o la otra cambien en su manera de ser y de pensar, salvo crear un clima de confianza que permita la intimidad y el deseo común de cambiar los dos. Así es como se alimenta el amor confluente que permite crecer juntos.
  • Dejar de asumir el rol de víctimas. Es decir, abandonar el hábito de sentir que soy un/a sacrificado/a en la relación para que todo marche bien. Para que todo marche bien se necesitan dos y no sólo de mi sacrificio. Tal vez, si me sigo sacrificando, las cosas nunca mejorarán, ya que trabajo más para mi pareja que para mí mismo o misma.
  • El miedo a la soledad en pareja. La necesidad de estar acompañados, saber que tenemos una pareja independientemente de la manera en la que la tenemos. Ideas como “Solos no, mejor acompañados, aunque no sé cuál sea el precio que tengo que pagar”. “Nadie en mi familia o en mis amigos o amigas, se encuentra solo, lo mejor es la vida en pareja, no importa el precio”. Estas ideas nos llevan directamente a una relación tóxica. La soledad no es mala cuando es elegida voluntariamente y es muy necesaria para fortalecernos, centrarnos en nosotros mismos, reflexionar sobre lo que hacemos y por qué lo hacemos. Una relación de pareja sana sabe combinar los momentos de complicidad y compañía con los de soledad mutua.
  • Tolerar el aburrimiento y la rutina. Todas las relaciones en pareja pasan por períodos de este tipo. Los mismos amigos, las mismas actividades, el mismo tema, lo mismo, lo mismo, lo mismo. Entonces, quizá, valga la pena influir y dar algo fresco a la relación: tal vez, en lo sexual, en lo intelectual o en las actividades. Pero necesitamos arriesgar, hacer cosas diferentes. Nutrir la vida personal y de pareja de emociones y experiencias distintas. Contra el aburrimiento y la rutina, tolerancia cero. Nada fácil, cuando los sentimientos y emociones nos empañan y nos llevan a vivir de la misma manera todo el tiempo.
  • Necesito sentirme querido y apreciado por mi pareja. Todos necesitamos esto y es la base principal de la vinculación de pareja. Pero cuando alimentar el vínculo representa una necesidad obsesiva, quiere decir que no me aprecio lo suficiente, que no me quiero a mi mismo y por eso necesito que mi pareja me demuestre su cariño constantemente. Y cuando mi pareja no me lo da, caigo en el abandono, desesperanza y tristeza. La alternativa está en que primero necesito quererme yo, sentir que me aprecio , y luego, mucho después, entregarme a otro, para que aprecie lo que yo aprecio de mí.
  • La necesidad de cumplir con un rol social. Estar en pareja, estar acompañado, no vivir solo, qué se yo. Si nuestra vida y nuestro estar en el mundo depende del rol que jugamos, seguramente estaremos muy identificados con lo que los demás piensen o crean de nosotros mismos.
  • El miedo al éxito o al fracaso. Aunque parezcan diferentes son iguales. No nos atrevemos a cambiar, o hacer cosas diferentes, porque tal vez, triunfaremos, o, quizás, fracasaremos, lo cual habla de una dependencia de las circunstancias, aún cuando estas no nos convengan. Lo importante es que te sientas bien contigo mismo/a y el éxito o el fracaso de tus iniciativas son secundarios, no hay que tenerles miedo.
  • Las relaciones tóxicas se caracterizan por amar más a las parejas que a uno/a mismo/a y eso no puede ser, porque nadie puede dar a otra persona lo que no se da a sí misma. El amor a la pareja deviene del amor propio. “Te quiero, pero si me dejas o desapareces, no me voy a hundir, porque yo me quiero lo suficiente para salir adelante”.

Si quieres saber más del tema, este es un buen libro: Relaciones tóxicas: 10 maneras de tratar con las personas que complican tu vida (Autora: Lilliam Glass. Editorial: Paidos).

También es interesante el estudio IDEALOVE&NAM. Socialización preventiva de la violencia de género. En él se abordan diferentes aspectos como es el amor romántico, las masculinidades tradicionales y las nuevas masculinidades alternativas. Incluye encuestas a adolescentes y recomendaciones.

 

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