¿Realmente nuestra educación marca tanto las diferencias de comportamiento entre chicos y chicas?

La respuesta es sencilla: Sí. Vamos asumiendo como normal los valores que se nos transmiten por medio de nuestra educación, pero la mayoría de las veces no percibimos que esa educación que recibimos es sexista y, aún hoy, perpetúa las diferencias por algo tan simple como haber nacido chico o chica.

Durante la adolescencia, y hablando de manera general, es más habitual que los chicos sean menos disciplinados, escondan más sus emociones y muestren mayor agresividad social que las chicas. Mientras que ellas suelen expresar más fácilmente sus emociones, aunque, a la vez, sienten más insatisfacción consigo mismas, por la presión social que reciben en relación a la estética y el aspecto físico.

Ni todos los chicos ni todas las chicas cumplen necesariamente lo aquí descrito. Quizás tú seas una chica sin miedo a mostrarte tal como eres y estás contenta contigo misma; o bien tú eres un chico que expresa sus sentimientos sin importarte mucho lo que piensen tus amigos.

Lo que queremos decirte es que, por regla general, repetimos unas pautas aprendidas, normalizadas, e incluso impuestas por la familia, la escuela, los medios, etc. que llamamos “mandatos de género” y que marcan cómo deben comportarse chicos y chicas según un esquema tradicional.

Sin embargo, podemos aprender otras formas de comportarnos entre nosotros/as que sean más justas, sin diferencias de género, más igualitarias.

Romper con estos mandatos de género significa que independientemente del género, chicos y chicas pueden:

  • Expresar las emociones libremente (tristeza, miedo, enfado, alegría). No eres menos hombre si lloras o menos mujer si muestras tu enfado.
  • Cuidar y estar atentos/as a ti mismo/a, y a las demás personas, amistades, familiares, etc.
  • Prestar atención a tu aspecto físico y tu forma de vestir independientemente de las modas, las imposiciones (por ejemplo, la obsesión por tener un cuerpo diez).
  • Relacionarse según su orientación sexual y su deseo, no necesariamente según el sexo con el que nacimos.
  • Ser conscientes de que las cosas típicas de “ser chico” y las típicas de “ser chica” no vienen “escritas” en ningún gen. Son culturales, se nos transmiten mediante la educación y la cultura en la que vivimos, y la nuestra ha sido una cultura machista. Pero ¡eso cambiará gracias a todas las personas que formamos la sociedad!

Manifestación de sentimientos: cómo nos comportamos con las amistades

Si nos paramos a observar el modo en el que nos comportamos con nuestros iguales (es decir, personas de nuestra misma edad, nivel de estudios,…) se hace notable una diferencia en el modo de interactuar entre nosotros/as, especialmente cuando somos adolescentes. Esa diferencia guarda una estrecha relación con el género, sí, exacto, diferencia en base a si somos un chico o una chica.

Chicos y chicas manifestamos y vivimos de forma distinta sentimientos como la tristeza y la ira. Siguiendo el mandato tradicional son las chicas quienes demuestran con mayor frecuencia e intensidad el sentimiento de tristeza. ¿Es esto casual? ¿A qué puede deberse? No hay duda que tenemos que ir olvidando el concepto de Diferencia Biológica (las chicas son más sensibles porque sí, por el hecho de ser chicas) y tener claro que esas diferencias son debidas, en gran medida, a las actitudes con las que nos han educado y a los estereotipos que aún se siguen manteniendo tanto desde la familia como desde la escuela.

Las madres suelen ver positivo las manifestaciones de tristeza de sus hijas, mientras que las manifestaciones de ira se las corrigen. Sin embargo, cuando se trata de hijos, las madres no muestran atención a las manifestaciones de tristeza, y son más permisivas con las manifestaciones de ira. Esta diferencia deja huella a largo plazo, de forma que, a medida que vamos creciendo, las chicas son más capaces de identificar sus sentimientos de tristeza en comparación a los chicos. Ellos muestran mejor sus sentimientos de ira e, incluso, llegan a confundir ambos sentimientos.

Esto que vamos aprendiendo también modela nuestra forma de tratar a nuestros/as iguales. Asimilamos esos estereotipos, los normalizamos, y las consecuencias son: los chicos rechazamos a otros chicos que demuestran sentimientos de tristeza, mientras que valoramos a los que manifiestan ira. Además esos chicos que demuestran sus sentimientos de tristeza es muy probable que sientan que van a ser rechazados, que dicha manifestación puede tener consecuencias negativas en sus relaciones con sus iguales.

 

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