Los cuidados son todas aquellas actividades que se llevan a cabo para satisfacer las necesidades básicas de las demás personas y de uno/a mismo/a en la vida cotidiana. Son el sostén de la vida en el día a día.

Los cuidados, así como la crianza y las tareas domésticas, fueron entendidos como “la función natural” de las mujeres para la sociedad, convirtiéndose en algo prácticamente obligatorio para ellas. Y al entenderse como una “función natural” no se le dio el mismo valor económico y social que se le da a un “trabajo”, pese a que el cuidado implicaba estar trabajando todo el día, atendiendo a las demás personas, acompañando al hijo al médico, yendo a recoger a la hija a la escuela, quedándose con los hijos de los vecinos cuando éstos tenían que salir, atendiendo a las personas mayores de la familia, escuchando, consolando, dando cariño, realizando todo el trabajo doméstico, desde hacer la comida para toda la familia hasta lavarle, plancharle y guardarle la ropa a todos sus miembros (por poner sólo algunos ejemplos de la infinidad de tareas y actividades que implican los cuidados).

Sin embargo, las mujeres tienen expectativas de vida iguales a los varones y, por lo tanto, últimamente se han ido incorporado al mercado de trabajo(formación, empleo, consumo). Pero a medida que las mujeres han ido haciendo este cambio, ¿qué ha pasado con todos esos cuidados que ellas cubrían gratis y a menudo sin recibir (ni esperar) ni siquiera las gracias? Se puede hablar de una “crisis de los cuidados” porque todas esas necesidades de la vida en el día a día se han hecho más complicadas de cubrir y se cubren en condiciones más precarias, con menos medios, con menos tiempo, con menos afecto.

Cubrir la necesidad de cuidados es una responsabilidad común: el mercado debe facilitar que haya tiempo para dedicárselo a cosas no laborales y asegurar que se valore social y económicamente el trabajo de cuidados remunerado. El Estado debe proporcionar medios y dinero público para atender a las personas dependientes (niños y niñas, personas mayores, personas discapacitadas, jóvenes que no se pueden emancipar, etc.) y, para que haya un reparto justo, los hombres deben aprender y asumir estas tareas porque, así como la decisión de tener una familia es un momento muy importante y se decide en pareja, las responsabilidades que la familia supone, también deben ser repartidas de manera equitativa dentro de la pareja.

Para más información sobre el tema, te recomendamos la guía de cuidados infantiles para nuevas paternidades Mi papá me cuida.

 

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