Desde AHIGE trabajamos en diferentes proyectos para combatir el machismo y prevenir la violencia en cualquiera de sus formas y siempre desde una perspectiva de género. Una de las últimas iniciativas en la que hemos empezado a participar es la de Cultura del Cuidado en el que ya llevamos involucrados unos meses.

Financiado por la Comisión Europea en el marco del Programa Daphne, el proyecto tiene una duración de dos años, finalizando en enero de 2019. Tiene como objetivo crear y fortalecer un entorno de apoyo para las víctimas, potenciales víctimas y supervivientes masculinas de la violencia sexual, (prevención y protección), de manera que sea más improbable que la sufran.

El proyecto apoyará a las víctimas/supervivientes (o potenciales víctimas) masculinas de la violencia sexual, a través de la identificación y la formación de los “primeros puntos de contacto y apoyo” (PPC). Estos puntos no son otros que los/as profesionales que están en contacto con los niños y jóvenes varones. Esta formación se realizará mediante un programa de desarrollo de capacidades dirigido a profesionales de instituciones específicas tales como escuelas, centros de acogida, organizaciones juveniles y servicios sociales.

Además, dentro de estas instituciones, los chicos también se beneficiarán de acciones específicas de apoyo para mejorar sus conocimientos sobre el tema de la violencia sexual, tales como el desarrollo de una campaña de sensibilización específica y de conferencias, en los países de las entidades participantes.

En el proyecto participan como socias cinco organizaciones con sede en cinco países europeos: Alemania, Austria, Bulgaria, Italia y España, en la que está AHIGE. El proyecto tiene un enfoque con perspectiva de género y centrado en el niño y trabajará con los estereotipos de género de manera transversal en todas sus actividades.

 

El género y la masculinidad

El género, tal como lo entendemos, es una construcción social fluida que se forma históricamente y cambia constantemente. Entendemos la masculinidad como un concepto cultural, con distintas configuraciones y cambios a través del tiempo y la ubicación geográfica, que conlleva un cierto conjunto de manifestaciones físicas y conductuales.

Las personas que se identifican o son identificadas como varones por la sociedad se enfrentan a una serie de requisitos para encajar en unos estándares físicos y de comportamiento (al menos hasta cierto punto). Esto incluye, por ejemplo, tener un pene, ser dominante, seguro y fuerte, reprimir las emociones (con excepción de la ira), no usar vestidos o faldas, sentirse atraído por las mujeres, ser sexualmente activo, etc. El conjunto de requisitos que conlleva la masculinidad puede variar según la clase, el deseo, la edad, y el entorno social y comunitario de procedencia, etc. Niños y niñas aprenden desde una edad temprana lo que significa ser “un chico” o “una chica” (a través de sus familias y amistades, la literatura, etc.) y a actuar en consecuencia (construyendo género).

 

¿Qué es la violencia sexual o sexualizada?

Consideramos todos los actos contra la autonomía sexual de una persona como violencia sexualizada. La violencia sexual afecta a la víctima física y/o psicológicamente. La sexualidad se usa para ejercer violencia. La gravedad del daño sufrido no está directamente relacionada con el alcance o la forma de la agresión. La violencia sexualizada se lleva a cabo contra la voluntad de una persona. Por diferentes razones las personas pueden no ser capaces de dar su consentimiento a actos sexuales. Por ejemplo, porque no pueden física o mentalmente (ya sea debido a discapacidades o el uso de drogas). Los niños nunca pueden dar un consentimiento informado a los actos sexuales con los adultos, ya que no son capaces de gestionar la sexualidad adulta. La violencia sexualizada puede tomar diferentes formas, tales como comentarios u opiniones sexuales, ya sean expresadas directamente o por teléfono o Internet, tocamientos no deseados, besos forzados, exhibición y producción de pornografía, manipulación de los genitales, violación anal / oral, etc. Estos actos pueden ser cometidos sobre niños y varones jóvenes, en su presencia, o incluso pueden ser forzados a agredir sexualmente a otros. A todo esto, lo llamamos violencia sexualizada.

 

La revelación

Entendemos la revelación como un proceso complejo. No es sólo el momento en el que el niño/joven habla de violencia sexualizada, sino que está definida por un conjunto de aspectos entre los que se encuentran los siguientes:

  • Recuerdo: Es el proceso de mirar los incidentes del pasado, que permite la reflexión y la (re)-evaluación de los mismos. Los recuerdos no siempre están accesibles o son accesibles sólo en parte.
  • Integración: Los procesos de revelación incluyen la clasificación / comprensión de los sucesos pasados o presentes como violencia sexualizada. Esta clasificación y comprensión ocurre en las propias víctimas, así como en las personas que conocen la violencia sexualizada. Para poder entender / clasificar las experiencias como violencia sexual es necesario tener conocimientos acerca de este concepto.
  • Revelación / Divulgación: los procesos de revelación también implican que otras personas conozcan la violencia sexual. Por lo tanto, son necesarios los momentos de revelación/divulgación. Bien a través de que las víctimas revelen verbalmente lo ocurrido, bien a través de actuaciones no verbales (por ejemplo: irse a la cama de repente completamente vestido), y también de testimonios emitidos por terceras partes (amistades, familiares, etc).
  • Ayuda: un aspecto que está estrechamente relacionado con los procesos de revelación es la utilización de la ayuda (profesional). Algunas víctimas de violencia sexual no necesitan ayuda profesional, aunque ésta podría resultar necesaria para detener las situaciones de violencia, para recibir apoyo emocional y para lidiar con los problemas cotidianos de la vida diaria.
  • Reconocimiento: Para muchas víctimas es importante que la violencia sexual que sufrieron sea ampliamente reconocida, por ejemplo, por las instituciones en las que ocurrieron los incidentes, por el Estado, a través de una sentencia judicial, por familiares, etc.

 

Cultura del cuidado

El entorno social de los supervivientes (víctimas) es esencial para el proceso de revelación. Las personas conscientes, y que prestan apoyo, desempeñan un papel clave en la manera en que estos supervivientes/ víctimas pueden lidiar con la violencia sexualizada. Cuando estos no están seguros de si deben hablar sobre sus experiencias o cómo categorizarlas, a menudo envían señales que necesitan ser percibidas y comprendidas por dichas persones de apoyo. Esta consciencia es la base para cualquier forma de actuación (de ayuda) que se realice. A menudo, ofrecer y crear espacios para hablar de manera continuada es un prerrequisito para que los supervivientes / víctimas revelen sus experiencias. Aunque estos no deben ser forzados o presionados a hablar. De hecho hay muy buenas razones para el silencio. Como la violencia sexualizada ocurre principalmente en las relaciones cercanas, la construcción de la confianza puede ser difícil para los supervivientes / víctimas. Lo más importante es que haya personas disponibles y abiertas, que escuchen y les generen el sentimiento de no estar solos.

 

Próximos pasos del proyecto

Actualmente, cada socio del proyecto está llevando a cabo un proceso de detección y análisis de necesidades en su país. El objetivo es explorar los conocimientos y habilidades que tienen las personas que están en contacto con niños y adolescentes (educadores/as, monitores, entrenadores, etc.). De esta forma, se podrá apoyar de manera efectiva a los niños que sufren o podrían sufrir violencia sexualizada. Los resultados del análisis de necesidades se debatirán en la próxima reunión de los socios en Graz, Austria, los días 18 y 20 de septiembre, y darán forma a un programa de formación.

Podéis ampliar información del proyecto aquí o escribirnos a: boyscultureofcare@gmail.com

Seguiremos informando de los avances del proyecto.