Los adolescentes forman una población en elevado riesgo para adquirir enfermedades de trasmisión sexual (ETS), incluyendo el VIH (virus de la inmunodeficiencia humana), ya que este periodo se presenta como especialmente difícil para los hombres y mujeres jóvenes, dado que se encuentran explorando su sexualidad y experimentan tanto con relaciones del mismo sexo como heterosexuales y con diversidad de parejas. Por lo cual, los profesionales de la salud tienen un rol decisivo en este proceso y es aconsejable que se aproveche cualquier consulta o visita de estos, para la promoción de actividades sexuales seguras.

Las ETS son todas aquellas enfermedades cuyo mecanismo de contagio es el contacto sexual. Esto sucede porque en las relaciones sexuales se ponen en contacto piel y mucosas de dos personas, en suficiente extensión y tiempo como para que sea posible la transmisión de la persona enferma a la sana, siempre y cuando no se evite con los medios específicos de prevención.

Por otra parte, los cursos o programas sobre educación sexual son un avance trascendente para la formación integral de los adolescentes, en los cuales no solo se brinde información orientada a la prevención de embarazos o de enfermedades de trasmisión sexual, sino también vayan encaminados a la formación de valores positivos sobre una vida sexual segura y responsable.

Y aunque no hay ninguna estrategia contra el SIDA, que pueda emplearse de igual manera en todas partes, la forma de actuar deberá tener en cuenta las características epidemiológicas de la infección. No obstante, como muchas de las infecciones por VIH tienen lugar durante la adolescencia, la idea de centrarse en las personas jóvenes se manifiesta como una estrategia decisiva.

Muchas veces, estas infecciones no producen síntomas hasta que ya están muy avanzadas. Por el aspecto físico nunca podremos saber si un chico o una chica pueden estar afectados y, a menudo, ellos mismos no saben que las tienen.

Hay algunas infecciones que dan síntomas vaginales como picores, aumento y cambio de color del flujo, cambio en la cantidad (por más o por menos) de flujo y, a veces, según cuál sea la infección, puede provocar pequeñas úlceras en los genitales.

Las dos mejores maneras de prevenirlas son: la primera y principal, el uso del preservativo (condón) en todas las relaciones sexuales que el/la adolescente vaya a tener a lo largo de esta etapa de su vida. Es un recurso barato, muy seguro (sobre todo si se compra en lugares de confianza y de marcas conocidas), sin efectos secundarios y muy fácil de colocar. La segunda es la visita rutinaria al médico (ginecóloga para ella y urólogo para él) por lo menos, una vez al mes. Ya sé que, tanto a ellas como a ellos, les produce reparo el acudir a la consulta, pero deben vencer sus timideces cuanto antes y tomar la decisión de acudir, si no quieren correr riesgos innecesarios.

 

Las ETS más comunes, según su agente causal

Producidas por Bacterias
• Sífilis
• Neisseria gonorrhoeae
• Gonococia
• Haemophilius ducreyi
• Chancro blando
• Chlamydia trachomatis
• Uretritis y cervicitis

Producidas por Virus
• Virus del herpes simple
• Herpes genital
• Papiloma virus
• Condilomas
• Hepatitis B
• VIH o SIDA

Producida por Protozoos
• Trichomonas vaginalis
• Vaginitis y uretritis

Producidas por Hongos
• Diversas especies del género Cándida
• Vulvovaginitis y balanopostitis

Producida por Artrópodos
• Phthirus pubis
• Pediculosis púbica

Nota: las vaginitis bacterianas y las candidiasis (hongos) no se consideran enfermedades de transmisión sexual como tales, aunque se pueden transmitir con las relaciones.

Para más información puedes descargar la Guía de actuación en VIH/SIDA para agentes de salud.

 

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