La homofobia es, principalmente, el miedo/rechazo hacia las prácticas sexuales con personas del mismo sexo, así como hacia las personas que se auto-identifican o son identificadas como homosexuales.

Esto no ha ocurrido siempre ni a lo largo de la historia ni en todas las culturas, pero en Europa la homofobia se va normalizando cuando a partir del siglo XIX la medicina, la psiquiatría y el derecho dan por sentado que la sexualidad tiene una función: la reproducción de la especie humana. Por tanto, la sexualidad marital (para procrear) se convierte en la única sexualidad legítima y la ciencia inventa la división entre “heterosexualidad” y “homosexualidad”. A la primera la consideran la sexualidad “natural”, “normal”, “saludable”, “aceptable”, siempre y cuando suceda en el matrimonio autorizado por la Iglesia. La segunda es construida como “antinatural”, “anormal”, “patológica”, “pecaminosa” y “criminal”. Desde entonces, la heterosexualidad se convierte en una norma y quien se salga de ella será sancionado/a por la sociedad.

La medicina y la psiquiatría crearon una especie de nueva “tipología humana histórica”: el/la homosexual. O sea, tener deseo erótico y prácticas sexuales con personas de tu mismo sexo se convierte en algo más porque te hace ser otra cosa. A partir de entonces se ha construido eso que llamamos “el armario”.

Pero la homofobia también crea a las personas hetero, especialmente a los varones. La homofobia es aquello que hace que los chicos hetero se expresen el afecto con rudeza, que rechacen a otro chico por actuar de manera femenina (independientemente de su sexualidad), que echen el culo para atrás cuando se abrazan con otro chico, que digan que ellos no pueden saber si otro chico es atractivo, que desconfíen del otro porque puede ser homosexual mientras no demuestre lo contrario, que tengan que demostrar que se es un “verdadero hombre” (o sea, hetero) ya sea hablando sistemáticamente de lo buenas que están las tías, diciéndoles cosas por la calle y en pandilla o demostrando rechazo explícito hacia gays, lesbianas o incluso chicos femeninos, etc.

En fin, los chicos heteros suelen ser poco afectivos entre ellos porque temen ser tildados (y verse a sí mismos) como homosexual. Ese miedo también hace que tampoco suelan salir en defensa de otra persona objeto de agresiones homófobas. Esto ocurre también entre las chicas, pero generalmente en menor medida: ellas se sienten más libres para demostrarse afectos y cariños porque no tienen tanto miedo y porque no asocian directamente el afecto a la sexualidad.

La homofobia puede adquirir cuatro formas:

  • Homofobia cognitiva: tiene que ver con lo que se piensa de la homosexalidad, lo que representa para alguien.
  • Homofobia afectiva: tiene que ver con los afectos o sentimientos que genera (como el “asco” y el “repelús”).
  • Homofobia liberal: es la homofobia “tolerante” y “condescendiente”. Esta es la homofobia de doble moral: se admite que exista siempre y cuando ocurra en privado y no sea visible, notoria y pública.
  • Homofobia conductual: que se expresa en acciones hostiles y agresiones palpables hacia personas homosexuales.

Para ampliar información sobre el tema, os recomendamos la lectura de este artículo: Contra la homofobia en los centros escolares.

También es interesante la guía: Abrazar la diversidad: propuestas para una educación libre de acoso homofóbico y transfóbico.

 

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