¿Qué es?

Sufres violencia machista:

  • Cuando tu novio, marido o compañero te golpea, te insulta, te amenaza, te hace sentir humillada, estúpida e inútil.
  • Si te impide ver a tu familia o tener contacto con tus amigos, vecinos.
  • Si no te deja trabajar o estudiar.
  • Si te quita el dinero que ganas o no te da lo que precisas para las necesidades básicas de la familia.
  • Si te controla, te acosa y decide por ti.
  • Si te descalifica o se mofa de tus actuaciones.
  • Si te castiga con la incomunicación verbal o permanece sordo ante tus manifestaciones.
  • Si te desautoriza constantemente en presencia de los hijos, invitándoles a no tenerte en cuenta.
  • Si te impone el acto sexual.

Los malos tratos no siempre son agresiones físicas en tanto que su objetivo no es causar una lesión inmediata, sino someter a la persona sobre la que se ejercen. En este sentido, es preciso ver cada agresión como un nudo, especialmente fuerte, dentro de una trama continua de coacciones. Son muchas las formas bajo las cuales aparecen los malos tratos psíquicos, el abuso emocional y sexual, el control económico y la violencia física contra las mujeres. Todas ellas se conceptualizan como violencia en cuanto son formas de coacción y de imposición de conductas que ejercen los hombres machistas para someter a las mujeres.

En los casos de violencia de género suelen coexistir múltiples formas de maltrato que se refuerzan; la violencia física siempre contiene elementos de violencia emocional, la violencia emocional a menudo va acompañada de amenazas de violencia física, y la violencia sexual está impregnada de violencia emocional y física.

¿Qué hacer?

Alternativas posibles: hacerle frente, denunciarla, o abandonar el espacio de la agresión. A las mujeres maltratadas les es tremendamente difícil tomar cualquiera de estos tres caminos. La legitimidad de la primera opción se apoya en el derecho a la defensa propia; la de la segunda se apoya en el derecho a recibir ayuda que tienen las víctimas de cualquier delito; y la tercera tiene su justificación en la autoprotección y el instinto básico de conservación.

El primer camino es enfrentar la agresión mediante la defensa personal, ya sea controlando la agresión o incluso contraatacando. No suele darse, debido fundamentalmente a la socialización femenina y masculina tan diferentes, que además de enseñar la agresividad a los hombres enseña la pasividad a las mujeres. Las características del rol femenino inhiben este tipo de comportamiento que requiere la fuerza y habilidad física, capacidades poco desarrolladas en las mujeres.

La segunda forma es la de la denuncia y la petición de ayuda. Ésta ha sido una salida muy reprimida hasta hace poco tiempo. Se ha reprimido sobre todo a través de la respuesta social a la violencia. Hasta hace muy poco tiempo la violencia de género (mal llamada doméstica) era un asunto personal, propio de la esfera privada de la familia, en donde no tenía cabida la intervención exterior. Solamente el entorno personal de la mujer, sus amigos o familiares, podían apoyarla, pero sabiendo que la ley y la costumbre apoyaban la autoridad del marido. La petición de ayuda se ve limitada cuando en el entorno social predomina el código patriarcal. Desde hace pocos años la respuesta legal y social a la violencia ha progresado enormemente y teóricamente promueve las denuncias de las mujeres pero sigue siendo una vía llena de obstáculos y dificultades.

La tercera vía, la salida y solución del conflicto por abandono o separación, presenta la dificultad de la resistencia del agresor, que la mayoría de las veces, no quiere ser abandonado. Cuando se ofrece como posibilidad real debe ir acompañada de recursos que hagan posible la separación.

Para saber más sobre el tema puedes descargar esta Guía acerca de los malos tratos.

 

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